Ricard Miralles habla de Serrat


Juntos en las buenas y en las malas. Tienen casi la misma edad (Miralles nació en 1944)


Ricard Miralles Izquierdo (Barcelona, 9 de agosto de 1944) es un músico español de formación clásica y jazzística, compositor y pianista que ha sido fundamental en las composiciones de artistas como Joan Manuel Serrat o Alberto Cortez.


Pareja de hecho de largo recorrido. Trabajan juntos desde 1969, aunque han habido parentésis en sus carreras.

Miralles habla de Serrat y le dedica un tema.

Momentos especiales del Maestro Miralles

Serrat en un concierto cuenta anécdotas con Miralles (en catalán). Dice por ejemplo que ambos tienen carácter pero que con la madurez su relación ha sido mas tierna, y amistosa. Al final hay abrazo y beso.

Resumén de varias entrevistas a Ricard Miralles condensando las preguntas sobre Serrat.

-¿Cómo es trabajar con Serrat?
-Es una gozada porque es uno de los artistas más grandes que hay en este país y es muy gratificante, en todos los sentidos, sobre todo el económico. Serrat es muy afable, pero muy exigente y muy celoso de su trabajo, y yo también.

-¿Pero aunque sea una gozada, no ha sacrificado en cierto modo su carrera?
-No, porque mi carrera tiene muchas vertientes y una de ellas es acompañar a cantantes.

-Serrat y Miralles son casi como un matrimonio ¿Han tenido alguna crisis?
-Sí, claro, pero ahora estamos muy bien. Empecé con él en el 69. Luego estuve con Mari Trini poco tiempo, volví y me fui con Alberto Cortez diez años. Desde el 94, que me vino a buscar, todo va estupendo. Hicimos solos la gira Serrat 100×100 y acabamos de terminar la de Miguel Hernández, donde estuvimos muy cercanos tanto en la cuestión musical como afectiva.

-¿En qué chocaban más cuando tuvieron problemas?
-Como en el matrimonio, cuando eres joven aguantas menos y cuando eres mayor no es que aguantes, es que te acostumbras a aceptar al otro como es.

-Usted es muy conocido y a la vez un gran desconocido…
-Conocido, poco. Los que están muy interesados en Serrat sí me conocen, pero el gran público, no.

-¿Qué canción de Serrat le gusta más para tocar?
-Mmmm… Balada de otoño, Sinceramente tuyo o Tarrés, del disco Canciones, que se conoce poco.

–Ese fue el año del comienzo de su idilio con Serrat.
–Bueno, idilio… Fue una fructífera relación profesional en la que hubo sus paréntesis. Me lo presentó Pi de la Serra, al que yo le estaba arreglando su primer disco, aunque medió también Tete Montoliú.

–¿No le ha vampirizado su propia imagen?
–Serrat es un puntal de la música tradicional española, un compañero y amigo, y una persona muy divertida y generosa. Él vive en Barcelona y yo hace 40 años en Madrid, pero nos juntamos cuando es menester. No me ha vampirizado porque en mi historial hay muchas experiencias ajenas a él, desde la música para más de veinte películas a mis trabajos con Alberto Cortez, Pablo Milanés, Soledad Bravo… Pero solo trabajar con él ya es un trabajo de alto rango y muy digno.

–¿Cómo ve usted la relación entre música y nacionalismo?
–Los músicos profesionales siempre mantenemos cierta distancia crítica respecto a nacionalismos a ultranza, pero el nacionalismo musical está sobradamente documentado en la historia.

–Serrat mismo empezó en la Nova Cançó…
–Pero pronto se dio cuenta de que la difusión exigía el castellano y que somos bilingües. Albéniz y Granados son catalanes pero su música es auténticamente española; Mompou, otro catalán, hace una música de inspiración francesa.

–Para muchos, usted es el alma sonora de Serrat, a usted se le debe el sonido “serratiano”.
–Eso es un halago pero tiene sus inconvenientes. En una ocasión, al arreglar alguna canción para otros artistas me pusieron pegas diciendo que estaba muy bien pero sonaba mucho a Serrat. Mire, él hacía sus canciones con su guitarra, tiene un talento innato para crear. De esa base partíamos.

–Habrá vivido con él muchas anécdotas…
–Para un libro. Por ejemplo, estábamos en 1970 en el teatro Carlos III y en la canción Cantares, justo en el trozo de “golpe a golpe”, se cayó al foso. Eso sí, Serrat continuó cantando desde ahí abajo, como si nada hubiera pasado.

– Me siento orgulloso de que mi estilo se reconozca al escuchar a Serrat A lo mejor he escrito más para los músicos que para la gente que compra discos. Pero Joan Manuel no tenía tanto interés en lo musical. Nunca fue muy demostrativo: si no se quejaba es que estaba todo bien.

– Me acuerdo perfectamente del día en que me lo presentaron. Eso fue sobre el año 66. Yo estaba haciendo el servicio militar en Palma de Mallorca: catorce meses en la isla. Y él estaba cantando por allí. Ya lo conocía porque en seguida tuvo en ese movimiento de la cancó catalana un carisma especial. Todo el mundo hablaba de ese chaval.

– Él confecciona todo. Dijéramos que he hecho algunas introducciones, los interludios y la manera de armonizar los temas. Yo hice lo que podía llamarse las primeras versiones. Siempre hay intercambio de opiniones. Pero Joan Manuel tiene la idea muy clara.

– ¿Como conoció a Joan Manuel?
– -Pues que yo estaba de vacaciones en la Costa Brava y Teté acompañaba, improvisando, sobre lo que Joan Manuel hacía en guitarra. Allí vino el episodio de Eurovisión en el que, como tú sabes, Joan Manuel se negó a cantar en castellano. La repercusión de esto empujó más a la fama a Joan Manuel, que ya tenía prestigio. Y como Teté se dedicaba al jazz y Serrat precisaba un pianista me preguntaron si me interesaría acompañarlo. Dije que sí porque, además, se duplicaba el sueldo de lo que me pagaban en la discográfica. Allí empezó mi historia de veinte años con él.

-Pero lo tuyo con Serrat ¿intuías que era algo trascendente?
-Eramos jóvenes y entre nosotros reinaba un clima cordial. Pero lo tomábamos como un juego mientras se trabajaba en los arreglos. Yo tenía un block con pentagramas y hacía mis anotaciones mientras él tocaba la guitarra y cantaba cada tema. Entonces no se grababa nada en cassettes, como hoy, sino que la cosa era personal y directa. Entonces me ponía a elaborar como me habían enseñado en el conservatorio. Como me gusta mucho la música clásica, algo había aprendido. Incluso había gente que me llamaba “el sinfónico”, porque manejaba bien el sector de cuerdas. Yo decidía, porque tampoco había productor (que muchas veces no saben nada). Nos preguntábamos con Joan Manuel sobre esto o aquello; él proponía, yo también, y nos entendíamos. Yo buscaba la variedad tímbrica y de conceptos rítmicos y armónicos en los arreglos, a veces con varios aciertos, a veces con menos. Nunca hubo problemas. Respetábamos el trabajo de cada cual.

-¿Por qué y cuándo ocurrió tu ruptura con Serrat?
-No fue exactamente eso. Cuando se estaba gestando el disco “Material sensible” en la discográfica -no sé por influjo de quién (nunca se sabe)- me proponen la dirección artística, pero no el rol de arreglador. Esto me sorprendió y me di el gusto de decir que no. Entonces nos separamos. Después Joan Manuel hizo “Utopía”, “Sombras de la China”… con otros. Pero, eso sí, él siempre me manda, a través de su oficina, su último disco. El contacto no se perdió nunca. A tal punto que cuando murió José María Bardají, que arregló “Material sensible”, el hijo me convocó al recital de homenaje a su padre pidiéndome que yo acompañara a Serrat porque a “papá, me dijo, le hubiera encantado”. Fue entonces cuando a Joan Manuel le agarró esa angina.

-Vale decir que no tuviste disputas con Serrat.
-No tuve problemas con él. Cada artista tiene que cuidar su carrera. Por eso, seguramente él o su entorno decidieron que no haga yo los arreglos. Y yo no quise quedarme como simple director musical.

-Debe de haber sido fascinante verlos trabajar a los dos.
-Joan Manuel hacía sus canciones con su guitarra. Me preguntaba sobre algunos acordes algo raros y yo le explicaba. El tiene un talento innato para crear. Y yo estaba allí para despejar dudas. Yo siempre escribí para cada instrumento y luego venía el copista a pasarlo en las particellas. La exigencia era saber leer música. No como hacen los flamencos, que improvisan. Y lo hacen muy bien. Nosotros, en cada gira, fuimos cambiando la instrumentación. Desde el comienzo de una canción hasta los arreglos y ensayos pasaban dos meses y medio, generalmente.
El don de inventar

-De entre los discos ¿tienes alguno de tu preferencia?
-Si pienso en lo más logrado, me quedo con “El sur también existe”. Lo que se logró allí tiene mucho valor. En un momento me sobrecogió esa canción por su significado. En realidad, no tengo muy presente todo. Tampoco soy dado a escuchar lo que hice. Sé que hay cosas que quedaron muy bonitas. Uno disfrutó con ese don de inventar melodías; sonaba muy fresco. Creo que con Joan Manuel me unía haber nacido en el mismo sitio y muchas otras coincidencias. Nunca tomamos lo nuestro como un trabajo. Yo lo asumí como cosa propia. No lo consideraba un encargo sino algo mío. En esa época estábamos muy lejos de lo que pedía el mercado discográfico. Nada tuvimos que ver con la exigencia de la moda. Además nunca me buscaron para estar en otra cosa. Sí me convocó, por ejemplo, Soledad Bravo para hacer un disco.

Los discos que Ricard Miralles ha grabado junto a Serrat son los siguientes: