Por que le llaman el Nano



   Serrat y Salvador Escamilla, su descubridor.

Salvador Escamilla, el locutor de radio que le dió la primera oportunidad a Serrat, al verlo tan jovencito, le decía Nano, que en catalán significa chaval o chico.

Es una forma cariñosa, amigable y familiar de llamar a un jovencito.

El Dúo Dinámico, Manolo y Ramón, catalanes, amigos y de su edad empezaron a llamarlo así fuera del ámbito barcelonés, en España y en Latinoamérica.

Entonces se empezó a hacer popular este mote en Argentina y luego en toda Latinoamérica.

El primer apodo de Serrat, que en Catalunya aún se conserva, es el de el Noi del Poble Sec, Chico del Pueblo Seco, su barrio.

En casa sus padres le llamaban Juanito, los intimos también le dicen así.

Los amigos del barrio le decían el Tordo, porque devoraba las aceitunas.


Joan Baeza



Canciones en homenaje a Serrat




Son muchos los artistas y autores de canciones que han realizado homenajes a la figura y la obra de Joan Manuel Serrat. Entre los más destacables están Ahí te mando mi guitarra, Juan Manuel, compuesto por Manuel Alejandro e interpretado por Blanca Villa mientras Serrat se encontraba en el exilio por sus declaraciones contra la pena de muerte; el reciente Maldito Serrat del cantautor argentino Ignacio CopaniMi primo el Nano, que compuso su amigo Joaquín Sabina, y la Canción para un maño, un tema de Georges Brassens adaptado por Paco Ibáñez.
Aparte de estas canciones que tratan monográficamente la figura de Joan Manuel Serrat, existen otras que hacen mención al nombre de Joan Manuel Serrat o a alguna de sus canciones. Son los casos de Alberto Cortez en su versión en directo de No soy de aquí, del propio Joaquín Sabina cuando grabó No hago otra cosa que pensar en ti en el disco Serrat, eres único, de Presuntos Implicados en "Ser de agua" o de cantautores como Juan Carlos BagliettoFito PáezJavier RuibalVíctor HerediaFernando DelgadilloRicardo ArjonaAmaury PérezVicente FeliúAlejandro FilioKiko TovarCacho DuvancedRamiro SegrellesJoan IsaacGuillermina MottaGerardo PeñaHernaldo ZúñigaLiuba María HeviaAlejandro NardecchiaMiquel PujadóJoan Baptista Humet, entre otros.

Una canción que critica a Serrat


  Serrat y Quico Pi de la Serra.

Soc el millor. Soy el mejor
Francesc Pi de la Serra

Letra   


Sóc el millor, que compuso Francesc Pi de la Serra, fue una dura crítica hacia Serrat por su decisión de cantar también en español. 


Con ironía lo denomina como el "mejor y el mas guapo" y es que unos aceptaron bien que el Nano destacara de entre todos y ya fuera una estrella internacional y otros no.


Entre los cantantes catalanes de esa época se formaron dos bandos; los que entendian y admiraban a Serrat y otro que lo trataba de traidor y lo envidiaban.


Serrat es una persona de carácter fuerte pero nunca fue rencoroso. Pi de la Serra es un gran amigo de Serrat o la propia Massiel que traicionó su amistad con Serrat cuando le propusieron substituirlo en Eurovisión y recibir la bendición por parte de la dictadura.


Tampoco nunca a tenido en cuenta que cuando Franco lo desterró muy pocos dieron la cara por él. Era más cómodo mirar a otro lado. Sin embargo el siempre defendió a todos sus compañeros.


Pi de la Serra y Serrat cantan juntos Lletania.


Decir Serrat – JOSÉ CARRERAS



Carreras y Serrat cantan en las Olimpiadas de Barcelona 1992

JOSÉ CARRERAS (Josep Maria Carreras i Coll, conocido internacionalmente como José Carreras, es un tenor español)

Creo que todo el mundo sabe que Joan Manuel Serrat no solamente es un magnífico cantautor y que “Paraules d’amor” es una de las canciones más significativas de los últimos treinta años en Cataluña. Pero sabemos también que Serrat, por su talante extremadamente democrático cuando todavía duraba la dictadura del General Franco, fue de los que tuvo la fuerza de intentar luchar contra esa dictadura, y esto lo convirtió no solamente en un magnífico cantante sino también en un ejemplo a seguir. Y, por lo tanto, yo estoy muy satisfecho de haber podido cantar esta magnífica canción de Serrat que, repito, para nosotros los catalanes es casi un himno, y es una canción que llevamos muy cerca del corazón.

JOAN MANUEL SERRAT en la Revista HUMOR – 1983



COMO DECIAMOS AYERAlonso Fabregat

Después de ocho años de ausencia -años coincidentes con la reorganización nacional- el gigantesco Joan Manuel Serrat volvió a los escenarios argentinos. Los sucesos que se produjeron al largarse la venta de entradas, demostraron -una vez más- que a las grandes voces populares no se las puede condenar al olvido por el simple procedimiento de la interdicción. Y ya desde el debut -anoche, al escribir estas reflexiones- se vio que la catarsis generada por el catalán nos une a todos aquéllos que preferirnos, corno él dice, un sioux al Séptimo de Caballería.

A Serrat le temen casi en forma irracional.

Le temen los injustos, los déspotas y los mediocres.

Le temen los estados basados en la fuerza. Y aunque los que le temen son infinitamente menos que los que lo aman sin condiciones, logran esporádicamente que la inmensa figura de este catalán desaparezca de escenarios y medios de difusión.

Ese miedo proviene, seguramente, de la certeza de que solamente los muy grandes son capaces de colocar ciertas valencias en su lugar. Y Joan Manuel es un maestro en eso de ubicar: a través de su canto y su poesía desfilan la hipocresía, la mojigatería, la estupidez, la burocracia, las convenciones obsoletas, las injusticias sociales, las miserias humanas. Por sobre todo ello, siempre presente el amor a la vida. Sin embargo, curiosamente, en su repertorio aparece muy raramente la política en forma directa. Ni el más histérico de sus perseguidores podría acusarlo de panfletario.

¿De qué acusan a este artista que desde su Cataluña natal ha iluminado los últimos años musicales de toda Hispanoamérica? ¿De haber cantado a Machado, otro gigante español que murió infamemente del otro lado de la frontera, con el corazón roto por el avance de las tropas franquistas? ¿De haber difundido la obra de Miguel Hernández, inconmensurable poeta aniquilado a los 32 años en una cárcel “nacionalista”? ¿De cantar sus propias letras, donde la vida y el libre albedrío son exaltados por sobre máquinas, represiones y reglas?

No; lo acusan de “peligroso”. Y le temen porque saben que Serrat, con ese poder maravilloso de comunicación que le tocó en el reparto de dones carismáticos, es capaz de destruir en cinco minutos de canto las falsas escalas de valores que nos inculcan, desde la cuna, a los latinoamericanos en un siglo.

Es obvio: los que pretenden librarnos de las maléficas influencias de malos españoles como Joan Manuel, son los mismos que nos enseñan en las escuelas lo admirables que eran otros españoles como los bestiales conquistadores que arrasaron nuestras tierras y masacraron a nuestros aborígenes en nombre de la Cruz y la Corona. Desde tal punto de vista, la peligrosidad del catalán es cierta: esa unión de inteligencia, rebeldía y magnetismo, es difícil de resistir.

Y está el aspecto hombre. Ahí sí. Serrat ha mantenido una coherencia total a través de toda su trayectoria y ha sido una figura política desde su aparición como artista. El mismo poeta que cantaba al amor, la vida y la amistad, era el que se recluía en el Monasterio de Montserrat para protestar por los juicios contra los rebeldes vascos, y el que desafiaba abiertamente, a costa de la carrera artística en su país, al propio Generalísimo Franco, autor moral de la muerte de García Lorca, Miguel Hernández y otros creadores. Como él mismo se define, Serrat es un hecho político y todo lo que nace es político, aún cuando diga: “Antes que nada soy partidario de vivir”.

Un Debut a Manera de Introducción 

Jueves 2, diez de la noche, primer contacto de Serrat con el público argentino. Un público heterogéneo: adolescentes gritonas, señores circunspectos, gente de la farándula (detrás nuestro estaba Cacho Fontana, todavía preocupado por la intervención de Manrique en su segundo programa radial) y muchos jóvenes en estado de efervescencia, ansiosos por demostrarle al juglar que todos los intentos por borrarlo habían sido inútiles.

El hombre salió, con esa sencillez que le conocemos o le adivinamos, y retribuyó en silencio, como pudo y con una emoción conmovedora, la interminable ovación del Gran Rex en pleno, incluyendo fotógrafos, acomodadores y personaI de seguridad. Arrancó con “Cantares” y mostró que su voz era la misma de siempre. Y en seguida, se presentó con las clásicas palabras de Fray Luis de León, cuando se reencontrara con sus alumnos después de cuatro años de prisión: “Como decíamos ayer…”.

Fueron dos horas de canciones, alternándose las de distintas épocas y los estrenos como “Cada loco con su tema”. Y pasó de todo: no faltaron las consignas, que Serrat escuchó quietito y esperando, ni los gritos de “¡Genio!”, “¡Maestro!” y otros epítetos nada exagerados, ni las lágrimas corriendo por las mejillas de muchos asistentes.

La consigna coreada más fuertemente, sobrevino inmediatamente después de la frase final de un tema que termina diciendo: “Entre esos tipos y yo, hay algo personal”. Todo un símbolo de la posición del catalán frente a los liberticidas. Hubo otro símbolo: Joan Manuel, sin previo aviso, cantó “Cambalache” y lo hizo bien, sustituyendo (¿voluntaria o involuntariamente?) a Stavisky por Stravinsky.

Los “fuera de programa” duraron media hora. Nadie se quería ir. Y esto fue, seguramente, un pálido reflejo de lo que va a suceder -o está sucediendo- en el Luna Park. Allí estarán todos los que, como Serrat canta en “Cada loco con su tema”, prefieren: “volar a correr, hacer a pensar, amar a querer, tomar a pedir” y “los caminos a las fronteras, una mariposa al Rockefeller Center, un sioux al Séptimo de Caballería’.

Ahí va a estar el pueblo. Y no van a estar muchos de los que fueron a saludar a Frank Sinatra en ese mismo lugar.

Decir Serrat. Luís García Montero.





Luis García Montero. Poeta.
Serrat y otros cantautores son muy importantes en la educación sentimental de nuestro país.
Siempre se le atribuyen los logros de la Transición a las grandes figuras políticas, cuando el verdadero protagonista fue el pueblo, que creyó en la libertad, una transformación a la que los cantautores pusieron voz.   

Fuente: Tributo a Serrat. 2007.  De  Antonio Marín.
Canción de Serrat sobre un poema de Luís García Montero.


Serrat es único (en 20 palabras)



Serrat en 20 palabras

Cantautor
Poeta
Juglar
Solidario
Riguroso
Humano
Genio
Mago
Consecuente
Coherente
Seductor
Querido
Admirado
Empático
Sensible
Atractivo
Adorado
Venerado
Luchador
Hermano

Imágenes Serrat es único