Aquellas pequeñas cosas





Joan Manuel y su guitarra.

Video

Serrat la grabó por primera vez en el año 1971, fue incluida en su disco Mediterráneo, y posteriormente en sucesivas antologías y recopilaciones, como En directo, Serrat sinfónico, Dos pájaros de un tiro (disco conjunto de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina), entre otras.

Es una canción breve que identifica la memoria por los recuerdos, por los acontecimientos vividos y por todas esas cosas que nos hace bien recordar, pero que en fin no son más que Aquellas pequeñas cosas.

En 2008 Joan Manuel Serrat graba una versión en italiano de esta canción con el título “Quelle piccole cose” para el disco doble del mismo título: “Quelle piccole cose” del grupo italiano Pan Brumisti.

Aquellas pequeñas cosas

Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.
Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.

VERSIONES

Serrat y su misteriosa ‘Montonera’


Retrato de Marie Anne Erize Tisseau.

Joan Manuel ha enterrado una bellísima canción dedicada, se cree, a Marie Anne Eriza Tisseau.


Habla el que fuera novio de Marie Anne.

Artículo de Luis Garcia Gil

Diego A. Manrique 30 DIC 2013 El País

Es un buen día cuando encuentras un nuevo número de Viernes peronistas. Y también, un día perdido: imposible resistirse a sumergirse en sus páginas (aunque técnicamente un fanzine, tiene dimensiones de libro). Esta publicación, concebida en Madrid, estudia el peronismo clásico como si fuera un fenómeno pop.

Y siempre contiene sorpresas. En el número 3, aparece un apartado dedicado a la discografía justicialista. Descubro que sí , que hubo una edición oficial de la canción maldita de Joan Manuel Serrat: en 1978, el Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero, residente en México, publicó un flexidisco asombroso, para su difusión clandestina en Argentina.

En la cara A, diez minutos de un análisis triunfalista de lo ocurrido tras el golpe militar, seguido de instrucciones para visibilizarse durante los Mundiales de Fútbol; en vísperas del aniquilamiento de la resistencia armada, la voz de Juan Gelman parece venir de un universo paralelo. Se incluyen direcciones y teléfonos de la organización en el extranjero y, más alucinante aún, el organigrama de la cúpula del movimiento guerrillero, con todos sus responsables.

Al dorso, La montonera, una bellísima loa serratiana: “Con esas manos de quererte tanto / pintabas en las paredes ‘Lucha y vuelve’ / manchando de esperanzas y de cantos/ las veredas de aquel 69”. Lo extraordinario, para tratarse de un disco producido por Montoneros, reside que Serrat manifestaba escepticismo ante la mitificación de Perón: “Cayéndose y volviéndose a levantar, la montonera / que buen vasallo sería / si buen señor tuviera”.

Se cree que la musa era Marie Anne Erize Tisseau. Nacida en Argentina de padres franceses, fue modelo: desfiló, ocupó portadas de revistas y conoció la dolce vita de la farándula porteña. A continuación, se convirtió en militante de base en Montoneros, haciendo trabajo social entre los más desfavorecidos.

Hacia 1969, Marie Anne viajó a Europa. Aquí conoció a Serrat y Moustaki; también tuvo una relación breve con Paco de Lucía. Demostró audacia: al encontrarse sin dinero, ejerció de contrabandista de arte, exportando varios cuadros valiosos. Todo se cuenta en un libro del periodista Philippe Broussard, La desaparecida de San Juan. Efectivamente, Marie Anne fue chupada en plena calle, a la luz del día. El militar a cargo de su secuestro, Jorge Olivera, supuestamente alardeó de haberla violado antes de que fuera asesinada. El miserable fue condenado a cadena perpetua pero escapó hace unos meses.

Lo que resulta intrigante es que Joan Manuel haya impedido la difusión del tema, que nunca ha registrado de forma profesional. Se incluye en el documental Cazadores de la utopía (1995), de David Blaustein. A partir de un casete de Serrat en directo, Litto Nebbia añadió un elegante arreglo. Según Nebbia, con la banda sonora fabricada, Serrat prohibió la edición de su canción: la tirada fue destruida.

Hay una historia detrás, supongo. La historia de la relación de Serrat con la izquierda revolucionaria argentina. Son misterios que seguramente se evaporaran: para bien o para mal, Serrat está en el cielo de las hagiografías. Aquí y en la Argentina. Urge entender la inmensa popularidad de Joan Manuel en aquel país. En los tres tomos de La voluntad, la crónica panorámica de la insurgencia, se reitera el nombre de Serrat. En un momento, antes del golpe, aparece donando “una buena suma” a familiares de presos políticos. Más adelante, en una prisión secreta, se usa su música para tapar los gritos de una torturada: horroriza saber que Serrat también gustaba a algunos milicos.

Serrat y Llach juntos (1967)



Entrevista a Joan Manuel Serrat en el diario local de la época

Diari de Vilanova
Traducción de Joan Baeza

Agosto de 1967: Serrat y Llach, juntos en Vilanova y la Geltrú en la fiesta mayor

Se cumplen 50 años de un festival de la canción memorable

En ese festival, Llach hizo de telonero de Serrat, entonces el cantante de moda

En el programa Cosecha del '67 de Radio Cubelles en que repaso noticias y música de hace medio siglo, he recordado el festival de canción que el 1 de agosto de 1967 se celebró en el cine Diana con la actuación de Rafael Subirachs, Lluís Llach, Guillermina Motta y Joan Manuel Serrat. Atraído por boomSerrat, asistí al festival con otros amigos del pueblo que, como yo, apenas acabábamos de despertar del sueño de los niños, pues teníamos quince años, al igual que los dos amantes de Palabras de amor.

En 1967, a pesar de los obstáculos que a menudo sufría por parte de la censura, la Nueva Canción vivía un momento dulce. Menudeaban los recitales, Raimon había actuado en el Olympia de París en junio de 1966 y mediados de aquella década muchos cantantes comerciales comenzaron a interpretar canciones en catalán. Sin ir más lejos, el verano de 1966, Cubelles acogió su primer festival de canción, con Guillem de Efak y Abella, entre otros, mientras que el 16 de junio de 1967 al mismo cine Diana actuaron María del mar Bonet, Guillermina Motta, Enric Barbat y Raimon. Aprovechando la presencia del cantante de Xàtiva, Miquel Altadill lo entrevistó para Villanueva y Geltrú (el semanario de la época) y una de las respuestas de Raimon provocó que el diario estuviera a punto de ser cerrado por las autoridades franquistas. Y todo porque en preguntarle el periodista si tardaba mucho en componer sus canciones, Raimon respondió depende, igual tardo mucho o poco. En lo que más tardo es en pasarlas por la censura.

En el festival de aquel agosto de 1967, desde la perspectiva del tiempo quizás sorprende que Lluís Llach hiciera de telonero de Serrat, pero este último era el cantante de moda mientras que el autor de La estaca hacía muy poco que había debutado los escenarios como último componente de los Setze Jutges. El festival fue iniciado por Rafael Subirachs, gran promesa de la canción en aquella época en que publicó su primer disco con los temas No lo habéis visto, Mujer, Las Ding Dang Dong y Escarcha mañana, los cuales, obviamente, interpretar el Diana. Subirachs, excelente músico, es recordado especialmente por la difusión de la versión histórica del himno nacional de Cataluña, Cataluña Condado Grande, que interpretó en una actuación memorable y llena de euforia colectiva en las míticas Seis Horas de canción en Canet 1975 (perdonad si digo que también tuve la suerte de estar presente).

A continuación actuó Llach, quien entonces se hacía notar por la canción El bandolero y temas simples como Que feliz era madre o Mi tierra, lo que conllevó que una intelectual de prestigio como la Maria Aurèlia Capmany manifestara que si la juventud de Cataluña fuera como Lluís Llach, el país estaría perdido. Esta frase no impidió que poco después la misma Maria Aurèlia se convirtiera en asesora literaria de Llach.

En tercer lugar, salió al escenario Guillermina Motta. Muy influenciada por la canción francesa, la Guillermina tenía ya una categoría consolidada, había entrado a los Setze Jutges en 1964 como octava componente y en 1967 publicó su segundo disco LP, Guillermina show. En Vilanova me impresionaron los temas Cállate hijo, no pienses y no queda bien. También cantó Decidme por qué y Ensayo de cántico en el templo, el célebre poema de Salvador Espriu musicado por ella misma.

Por último llegó el momento que todos esperaban. El fenómeno Serrat no decepcionó nada y deleitó a un público totalmente entregado a sus temas sentimentales y poéticos. Decimotercero miembro de los Setze Jutges, cuando vino a Vilanova Serrat acababa de sacar su primer LP y anteriormente había publicado tres EP, uno de los cuales contenía las que seguramente son sus mejores piezas en catalán: Canción de madrugada y Palabras de amor.

Miquel Altadill también le hizo una jugosa entrevista. Serrat dijo que las canciones suyas de más fama eran Ahora que tengo veinte años y Canción de madrugada pero la que él prefería era Canción de cuna, remarcó que no tenía ningún mecenas, que nadie le había ayudado excepto Salvador Escamilla y destacar, entre los miembros de la Nova Cançó, los tres que le acompañaban en el recital Vilanova además de Maria del Mar Bonet y Maria Amèlia Pedrerol. Y sobre la posibilidad de cantar también en castellano Serrat aseguraba que nunca he dicho públicamente ni en privado que haría canciones en castellano. Y remachaba el clavo afirmando que seguiré cantando en catalán por razones lingüistas. A pesar de estas declaraciones, a principios de 1968 grabó su primer disco en castellano y se convirtió en un cantante bilingüe, una opción respetable que no compartieron Raimon, Llach, Subirachs, Maria del Mar Bonet, Ovidi Montllor o Pi de la Serra. Poco después, curiosamente, Serrat se negó a representar a España en Eurovisión si no cantaba en catalán el La, la la, en medio de un gran revuelo.

Quien también optó por el bilingüismo fue Guillermina Motta. Dejó atrás sus versiones de cantautores franceses y los temas protestatarios para evolucionar hacia una temática picaresca y la comedia musical. Rafael Subirachs, por su parte, dejó de interpretar el Cataluña Condado Gran en 1979, explicándome los motivos en una entrevista que en abril de 1990 le hice para La Hoja de Cubelles: no había voluntad de independencia y consideré de no cantarla hasta que cambiaran las cosas. Me gusta mucho que se me identifique con el 'Cataluña Condado Grande', pero esto de estar contentos y satisfechos sólo para cantarla y ya está, no me gusta. Espero volverlo a hacer en una situación adecuada para nuestro país. Quizá, pues, ya ha llegado la hora que Subirachs quite el polvo a esta canción.

En cuanto a Llach y Serrat, ambos han tenido una trayectoria artística de lo más brillante pero políticamente han seguido caminos diferentes. En aquel 1967, formar parte de los Setze Jutges implicaba, además de cantar bien, defender la identidad catalana y mantener una resistencia política y cultural contra la dictadura franquista. Medio siglo después, uno y otro están distanciados ideológicamente. Llach está plenamente identificado con el proceso soberanista, hasta el punto de ser uno de los miembros más activos. Ha sido coherente con su dilatado bagaje de cantautor comprometido con el país. Serrat, en cambio, acaba de firmar un manifiesto en contra de este referéndum aunque hace un par de años se mostró favorable al derecho a decidir. También ha sido coherente con su manera de entender la relación Cataluña-España.

A pesar de la contrariedad que me ha producido la postura de Serrat, seguiré cantando en la intimidad, o bien acompañado de algunos amigos, aquella espléndida Canción de madrugada de nuestra juventud, sí, pero también de ahora y de siempre. Lo haré para evidenciar que ahora que tengo, no veinte años, sino tres veintes y pico, todavía tengo voz, todavía tengo fuerza y ​​no tengo el alma muerta, al igual que el Serrat de 1967.

Quizá por eso me ha complacido evocar un momento destacado de nuestra pequeña historia en la que todos juntos, cantantes y público, remábamos en una misma dirección.


Ricard Miralles habla de Serrat


Juntos en las buenas y en las malas. Tienen casi la misma edad (Miralles nació en 1944)


Ricard Miralles Izquierdo (Barcelona, 9 de agosto de 1944) es un músico español de formación clásica y jazzística, compositor y pianista que ha sido fundamental en las composiciones de artistas como Joan Manuel Serrat o Alberto Cortez.


Pareja de hecho de largo recorrido. Trabajan juntos desde 1969, aunque han habido parentésis en sus carreras.

Miralles habla de Serrat y le dedica un tema.

Momentos especiales del Maestro Miralles

Serrat en un concierto cuenta anécdotas con Miralles (en catalán). Dice por ejemplo que ambos tienen carácter pero que con la madurez su relación ha sido mas tierna, y amistosa. Al final hay abrazo y beso.

Resumén de varias entrevistas a Ricard Miralles condensando las preguntas sobre Serrat.

-¿Cómo es trabajar con Serrat?
-Es una gozada porque es uno de los artistas más grandes que hay en este país y es muy gratificante, en todos los sentidos, sobre todo el económico. Serrat es muy afable, pero muy exigente y muy celoso de su trabajo, y yo también.

-¿Pero aunque sea una gozada, no ha sacrificado en cierto modo su carrera?
-No, porque mi carrera tiene muchas vertientes y una de ellas es acompañar a cantantes.

-Serrat y Miralles son casi como un matrimonio ¿Han tenido alguna crisis?
-Sí, claro, pero ahora estamos muy bien. Empecé con él en el 69. Luego estuve con Mari Trini poco tiempo, volví y me fui con Alberto Cortez diez años. Desde el 94, que me vino a buscar, todo va estupendo. Hicimos solos la gira Serrat 100×100 y acabamos de terminar la de Miguel Hernández, donde estuvimos muy cercanos tanto en la cuestión musical como afectiva.

-¿En qué chocaban más cuando tuvieron problemas?
-Como en el matrimonio, cuando eres joven aguantas menos y cuando eres mayor no es que aguantes, es que te acostumbras a aceptar al otro como es.

-Usted es muy conocido y a la vez un gran desconocido…
-Conocido, poco. Los que están muy interesados en Serrat sí me conocen, pero el gran público, no.

-¿Qué canción de Serrat le gusta más para tocar?
-Mmmm… Balada de otoño, Sinceramente tuyo o Tarrés, del disco Canciones, que se conoce poco.

–Ese fue el año del comienzo de su idilio con Serrat.
–Bueno, idilio… Fue una fructífera relación profesional en la que hubo sus paréntesis. Me lo presentó Pi de la Serra, al que yo le estaba arreglando su primer disco, aunque medió también Tete Montoliú.

–¿No le ha vampirizado su propia imagen?
–Serrat es un puntal de la música tradicional española, un compañero y amigo, y una persona muy divertida y generosa. Él vive en Barcelona y yo hace 40 años en Madrid, pero nos juntamos cuando es menester. No me ha vampirizado porque en mi historial hay muchas experiencias ajenas a él, desde la música para más de veinte películas a mis trabajos con Alberto Cortez, Pablo Milanés, Soledad Bravo… Pero solo trabajar con él ya es un trabajo de alto rango y muy digno.

–¿Cómo ve usted la relación entre música y nacionalismo?
–Los músicos profesionales siempre mantenemos cierta distancia crítica respecto a nacionalismos a ultranza, pero el nacionalismo musical está sobradamente documentado en la historia.

–Serrat mismo empezó en la Nova Cançó…
–Pero pronto se dio cuenta de que la difusión exigía el castellano y que somos bilingües. Albéniz y Granados son catalanes pero su música es auténticamente española; Mompou, otro catalán, hace una música de inspiración francesa.

–Para muchos, usted es el alma sonora de Serrat, a usted se le debe el sonido “serratiano”.
–Eso es un halago pero tiene sus inconvenientes. En una ocasión, al arreglar alguna canción para otros artistas me pusieron pegas diciendo que estaba muy bien pero sonaba mucho a Serrat. Mire, él hacía sus canciones con su guitarra, tiene un talento innato para crear. De esa base partíamos.

–Habrá vivido con él muchas anécdotas…
–Para un libro. Por ejemplo, estábamos en 1970 en el teatro Carlos III y en la canción Cantares, justo en el trozo de “golpe a golpe”, se cayó al foso. Eso sí, Serrat continuó cantando desde ahí abajo, como si nada hubiera pasado.

– Me siento orgulloso de que mi estilo se reconozca al escuchar a Serrat A lo mejor he escrito más para los músicos que para la gente que compra discos. Pero Joan Manuel no tenía tanto interés en lo musical. Nunca fue muy demostrativo: si no se quejaba es que estaba todo bien.

– Me acuerdo perfectamente del día en que me lo presentaron. Eso fue sobre el año 66. Yo estaba haciendo el servicio militar en Palma de Mallorca: catorce meses en la isla. Y él estaba cantando por allí. Ya lo conocía porque en seguida tuvo en ese movimiento de la cancó catalana un carisma especial. Todo el mundo hablaba de ese chaval.

– Él confecciona todo. Dijéramos que he hecho algunas introducciones, los interludios y la manera de armonizar los temas. Yo hice lo que podía llamarse las primeras versiones. Siempre hay intercambio de opiniones. Pero Joan Manuel tiene la idea muy clara.

– ¿Como conoció a Joan Manuel?
– -Pues que yo estaba de vacaciones en la Costa Brava y Teté acompañaba, improvisando, sobre lo que Joan Manuel hacía en guitarra. Allí vino el episodio de Eurovisión en el que, como tú sabes, Joan Manuel se negó a cantar en castellano. La repercusión de esto empujó más a la fama a Joan Manuel, que ya tenía prestigio. Y como Teté se dedicaba al jazz y Serrat precisaba un pianista me preguntaron si me interesaría acompañarlo. Dije que sí porque, además, se duplicaba el sueldo de lo que me pagaban en la discográfica. Allí empezó mi historia de veinte años con él.

-Pero lo tuyo con Serrat ¿intuías que era algo trascendente?
-Eramos jóvenes y entre nosotros reinaba un clima cordial. Pero lo tomábamos como un juego mientras se trabajaba en los arreglos. Yo tenía un block con pentagramas y hacía mis anotaciones mientras él tocaba la guitarra y cantaba cada tema. Entonces no se grababa nada en cassettes, como hoy, sino que la cosa era personal y directa. Entonces me ponía a elaborar como me habían enseñado en el conservatorio. Como me gusta mucho la música clásica, algo había aprendido. Incluso había gente que me llamaba “el sinfónico”, porque manejaba bien el sector de cuerdas. Yo decidía, porque tampoco había productor (que muchas veces no saben nada). Nos preguntábamos con Joan Manuel sobre esto o aquello; él proponía, yo también, y nos entendíamos. Yo buscaba la variedad tímbrica y de conceptos rítmicos y armónicos en los arreglos, a veces con varios aciertos, a veces con menos. Nunca hubo problemas. Respetábamos el trabajo de cada cual.

-¿Por qué y cuándo ocurrió tu ruptura con Serrat?
-No fue exactamente eso. Cuando se estaba gestando el disco “Material sensible” en la discográfica -no sé por influjo de quién (nunca se sabe)- me proponen la dirección artística, pero no el rol de arreglador. Esto me sorprendió y me di el gusto de decir que no. Entonces nos separamos. Después Joan Manuel hizo “Utopía”, “Sombras de la China”… con otros. Pero, eso sí, él siempre me manda, a través de su oficina, su último disco. El contacto no se perdió nunca. A tal punto que cuando murió José María Bardají, que arregló “Material sensible”, el hijo me convocó al recital de homenaje a su padre pidiéndome que yo acompañara a Serrat porque a “papá, me dijo, le hubiera encantado”. Fue entonces cuando a Joan Manuel le agarró esa angina.

-Vale decir que no tuviste disputas con Serrat.
-No tuve problemas con él. Cada artista tiene que cuidar su carrera. Por eso, seguramente él o su entorno decidieron que no haga yo los arreglos. Y yo no quise quedarme como simple director musical.

-Debe de haber sido fascinante verlos trabajar a los dos.
-Joan Manuel hacía sus canciones con su guitarra. Me preguntaba sobre algunos acordes algo raros y yo le explicaba. El tiene un talento innato para crear. Y yo estaba allí para despejar dudas. Yo siempre escribí para cada instrumento y luego venía el copista a pasarlo en las particellas. La exigencia era saber leer música. No como hacen los flamencos, que improvisan. Y lo hacen muy bien. Nosotros, en cada gira, fuimos cambiando la instrumentación. Desde el comienzo de una canción hasta los arreglos y ensayos pasaban dos meses y medio, generalmente.
El don de inventar

-De entre los discos ¿tienes alguno de tu preferencia?
-Si pienso en lo más logrado, me quedo con “El sur también existe”. Lo que se logró allí tiene mucho valor. En un momento me sobrecogió esa canción por su significado. En realidad, no tengo muy presente todo. Tampoco soy dado a escuchar lo que hice. Sé que hay cosas que quedaron muy bonitas. Uno disfrutó con ese don de inventar melodías; sonaba muy fresco. Creo que con Joan Manuel me unía haber nacido en el mismo sitio y muchas otras coincidencias. Nunca tomamos lo nuestro como un trabajo. Yo lo asumí como cosa propia. No lo consideraba un encargo sino algo mío. En esa época estábamos muy lejos de lo que pedía el mercado discográfico. Nada tuvimos que ver con la exigencia de la moda. Además nunca me buscaron para estar en otra cosa. Sí me convocó, por ejemplo, Soledad Bravo para hacer un disco.

Los discos que Ricard Miralles ha grabado junto a Serrat son los siguientes: